EL NUEVO PAPA: UN CRUZADO CONTRA LA TRATA DE PERSONAS

Un cruzado contra la trata de personas y el trabajo esclavo

POR CLAUDIO SAVOIA

Celebró misas, apoyó marchas y gestionó ayuda para las víctimas.
Misa en Constitución. Fue hace cinco meses. Bergoglio reza para pedir justicia. A su lado, Vera denuncia

14/03/13

Su campera gastada y la sonrisa espontánea que le ablanda el ceño se perdían entre las barbas desaliñadas, las remeras del Che Guevara y las consignas incendiarias de los voluntarios que denuncian el narcoproxenetismo, el trabajo esclavo que asuela la Argentina en los talleres clandestinos de costura y la trata de personas con fines sexuales. El cardenal Bergoglio –Jorge, para todo el mundo en este sótano de Parque Avellaneda– participó con frecuencia de las campañas de la cooperativa antitrata La Alameda, y jugó en aquellas causas toda la influencia que su nombre y su cargo podían sembrar.

“Es increíble, estamos volando”, sonríe Lucas Manjón, mientras su teléfono hierve de llamadas. “El cardenal nos apoya desde 2008, cuando denunciamos la red de prostíbulos que funcionaba en los alrededores del Departamento Central de la Policía Federal”.

“Ahí nació el vínculo. Y desde entonces nos apoyó siempre, con mucho respeto y sin involucrarnos en ninguna otra cuestión de la Iglesia en la que por ahí no estamos tan de acuerdo”, cuenta Camila, la “troska de Dios”, como el flamante Papa le dijo con cariño cuando le contaron cuál era su ideología. “¿Un cura? Yo estaba en contra de ese vínculo, pero cuando lo conocí me cerró la boca”, dice Camila.

Siguen las anécdotas. Que intervino personalmente para proteger a Nancy Miño, la policía que se infiltró en una red de trata de mujeres en Mar del Plata, a quien le ofreció ayuda, alojamiento y apoyo mientras sus propios superiores la amenazan; que hablaba con sindicalistas, empresarios o funcionarios para gestionar trabajo para una víctima de la trata que había sido rescatada; que rompió su costumbre de no salir nunca de noche –para cuidar su salud– para bendecir uno de los salones de la sede de la cooperativa, en la esquina de Directorio y Lacarra; que pidió bautizar a los tres hijos de Olga Cruz, una costurera que había sido rescatada de un taller clandestino.

“Estamos haciendo honor a una tarea que la Iglesia hizo siempre, sobre todo las monjas”, les decía a los muchachos –la inmensa mayoría de ellos agnósticos o directamente anticlericales, pero todos “bergoglistas”– para explicar su compromiso con las víctimas de la prostitución, mientras compartía una empanada o un mate cocido.

Suena el teléfono. Es el padre Tonio Dell’ Olio, coordinador de la asociación antimafia más importante de Italia. Suena exultante: “No lo puedo creer. A Bergoglio lo conocí hace dos años en Buenos Aires: nunca había visto a un arzobispo que conociera tan bien la realidad social de su país. Hablamos durante horas. ¿Su principal preocupación?

La corrupción y las coimas, sin dudas.

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