Trata de personas: cinematográfico rescate en una plantación de tomates

Tres mujeres y tres hombres

Trata: cinematográfico rescate en una plantación de tomates

Habían llegado de Misiones para trabajar pero nada era como les habían prometido. Una de las chicas logró escapar de una casa en el Abasto y dio la voz de alerta para la intervención de la Justicia. Hay un detenido y una persona investigada.

  • Ministerio Justicia y DDHH
Por: Cecilia Devanna
Una de las jóvenes aprovechó el descuido de quienes la mantenían encerrada, sin agua ni comida, en una casa del Abasto y corrió a una remisería a llamar a su tía. Un chofer la escuchó contar el horror en que vivía y radicó la denuncia que permitió a la Justicia rescatar al resto de los misioneros engañados.

La promesa inicial se había transmitido de boca en boca desde que sonó el teléfono en ese hogar humilde de un pueblo misionero. Era un conocido que desde las cercanías de La Plata prometía trabajo para el hijo de esa familia, un chico de 17 años, y para otros que quisieran sumarse. Cuando el joven supo de la propuesta se entusiasmó: por trabajar de lunes a sábado de 8 a 15 cobraría cinco mil pesos mensuales, durante tres o cuatro meses. ¿Cuánto iban a trabajar? Lo que demandara la producción de tomates. Le contó a dos amigos, viajaron a La Plata. Los “empleadores” los alojaron en una quinta en Olmos.

En esos días también llegaron a la quinta tres jóvenes misioneras, con la idea de trabajar colocando un veneno en la plantación. Entre todos advirtieron que nada era lo que habían imaginado:  trabajaban de lunes a lunes, más de doce horas diarias. “Lo hacían en condiciones infrahumanas, sin importar las inclemencias del tiempo. Diluviara, hiciera frío, o al rayo del sol, daba igual. Tenían que trabajar y no había tiempo de descanso”, explicó a Infojus Noticias una fuente vinculada a la investigación.

A los cinco días se dieron cuenta que el sueldo no era de cinco mil pesos, sino de menos de la mitad a raíz de los descuentos que les hacían. Debían pagar su comida, se les descontó el pasaje con el que habían llegado y se les hacía otro descuento de doscientos pesos por alimentos. A pesar de trabajar intensivamente nunca llegaban a reunir los seiscientos pesos que necesitaban para comprar el pasaje de vuelta a Misiones. Por eso las chicas a los cinco días de llegar decidieron irse.

“Cuando avisaron que se iban, en la quinta les dijeron que les habían pedido un remise para llevarlas a la terminal. Era una trampa”, contaron fuentes de la investigación. Las jóvenes fueron llevadas a la Ciudad de Buenos Aires. Estuvieron cinco días en una casa en el barrio del Abasto, sin agua ni comida, encerradas con llave.  Vivían a oscuras y habían perdido la referencia de las horas. Era una especie de “ablande”, quizás para después explotarlas sexualmente.

En un descuido, una de ellas logró escapar. Corrió desesperada, entró en una remisería, pidió un auto y fue hasta un teléfono. El remisero la escuchó llorar y contar a una tía el infierno que vivía con sus dos amigas. El hombre decidió hacer la denuncia en la comisaría sexta. Se dio intervención a la fiscalía de Fernando Cartasegna y al juzgado de Jorge Moya Panisello.

El rescate fue cinematográfico: los agentes de la policía entraron en la casa de Abasto, una especie de jaula tapiada, rodeada por barrotes y suciedad. Las dos jóvenes estaban en una habitación diminuta, dobladas por el hambre y la desesperación, privadas de su libertad. Apenas fueron rescatadas contaron del infierno que vivían sus amigos en la quinta de Olmos. El fiscal pidió autorización y el juez habilitó el allanamiento a ese predio.

Los encontraron descalzos y mal alimentados. Hacía cuarenta días que trabajan sin parar. “El estado era inhumano. Uno de ellos tenía dos clavos en el tobillo, que se le habían incrustado. Nadie lo había ayudado. El operativo se realizó desde la mañana, cuando se recibió la denuncia, y duró hasta la noche.  El estado de vulnerabilidad era tremendo”, dijo una fuente de la investigación. Quebrados emocionalmente y debilitados en su fuerza física, los chicos no podían creer la suerte que tuvieron de ser rescatados. Sin dinero, el pasaje era un inalcanzable. Sentían que no existía escapatoria.

Cómo sigue la causa

Todos los jóvenes brindaron sus testimonios ante Cámara Gesell. Desde entonces, el camionero  que había llamado a Misiones para hacer la propuesta, que es también el propietario de la casa de Abasto, está detenido y acusado de “privación ilegal de la libertad calificada”. Mientras tanto la Justicia investiga a su patrón, el dueño de la quinta de Olmos.

El ministerio de Derechos Humanos de Misiones y la Justicia platense dispusieron acciones para que los jóvenes pudieran volver a sus hogares.  “Fueron restituidos a sus pueblos y se articularon medidas de contención para ellos y sus entornos”, confirmó aInfojus Noticias Olga Sosa, del Ministerio de Derechos Humanos misionero.

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